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Rutas turísticas

Elige la ruta y ven a recorrer con nosotros los rincones más sugerentes de la costa.

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LOS ANTIGUOS CAMINOS DE HERRADURA

 

Descubrir el entorno y la naturaleza

Sol, mar, panoramas impresionantes, turismo internacional, jet set… La costa de la Campania se extiende desde la zona de Sorrento a la de Amalfi como un cofre repleto de bellezas paisajísticas y de atractivos culturales y mundanos famoso y apreciado en todo el mundo. Y sin embargo, en semejante sinfonía de riquezas existe un aspecto de esta costa, una melodía sencilla, casi inédita pero con un encanto inusitado, que pocas personas conocen. Sólo los más perspicaces, que no se dejen deslumbrar por la insolente hermosura de la costa, descubrirán este tesoro oculto para la mayoría: senderos de montaña, itinerarios alternativos y aislados, que atraviesan una naturaleza absolutamente incontaminada, inmersa en la vegetación mediterránea. Aquí el viajero se enfrentará a zonas aún salvajes, donde se alternan sugestivas grutas y profundas ensenadas de origen calcáreo con miradores que se asoman a vistas espectaculares… Aquí la música de la naturaleza envuelve el territorio en una armonía de notas sublimes. Estas antiguas vías de comunicación siguen recorriéndolas hoy como antaño los habitantes de las zonas montanas de la costa a lomos de sus caballerías (de ahí el nombre italiano de mulattiera, caminos de “mulas”): elogio y metáfora de la paciencia y del tiempo que por estos lares discurre de forma serena y relajada, lejos del frenesí de nuestros tiempos.

Frente al mar, el litoral interno y oculto ofrece una serie de rutas que podrán recorrer con facilidad todos aquellos que busquen ambientes incontaminados. Una experiencia como ésta sin duda no dejará al viajero indiferente porque la madre naturaleza enseña su lado mejor, en un despliegue de toda su grandeza. Aquí el paisaje bucólico representa la comunión de los elementos, la fusión casi mística entre cielo, mar y montaña.

A lo largo de los itinerarios del interior se encuentra la típica vegetación mediterránea: quejigos, madroños, brezo,  romero… Pero los expertos y apasionados enseguida notarán no sin emoción una planta que se considera en serio peligro de extinción: el helecho, que crece espontáneamente entre las rocas de las escaleras y de las terrazas, a lo largo de estas limitadas vías de comunicación.

Por estos senderos, como suspendidos entre el cielo y la tierra, uno tiene la sensación de caminar por las nubes, como una divinidad. Se cuenta que a los dioses de la Antigua Grecia les encantaba transcurrir en estos lugares sus momentos de descanso y sus aventuras amorosas, atraídos también por las numerosas cascadas, arroyuelos torrenciales y los pequeños estanques, que aparecen adornados con un sinfín de solemnes y variopintos nenúfares.

Pasando de la mitología a la técnica, no resulta difícil localizar y visitare viejas fábricas de papel abandonadas que conservan con majestuosidad sus características estructurales de indudable fascinación: desde los molinos que aprovechaban el veloz curso de las aguas a los secadores y terrazas donde se extendían a secar las hojas de papel artesanal. Maquinarias y tornos en reposo desde largo tiempo, maravillosos testimonios de una arqueología industrial que representa una época cercana y lejana a la vez.

Parece increíble, pero hoy en día existen aún minúsculas aldeas como la de Nocelle, a donde todavía no llegan los coches, como si rechazaran la forma más perniciosa del progreso, y que sólo están conectadas con el resto del mundo mediante el transporte a lomos de mulas y asnos.

Pero la cosa no es grave. Una vez que se abandona la comodidad y se recupera la libertad de la esclavitud del coche en la Península Sorrentina la mejor forma de descubrir los rincones más remotos y espectaculares de este mirador natural que se asoma a los golfos de Nápoles y Salerno, es recorrer a pie los senderos en plena naturaleza.

Tras el inmenso mar azul, surcado desde antaño por las embarcaciones de todas las civilizaciones mediterráneas, se erigen los Montes Lattari. La cordillera engloba la costa Sorrentina y la Amalfitana, y sus cimas más altas son Sant’Angelo a Tre Pizzi y el Monte Faito. Este último es un auténtico edén terrestre, un lugar repleto de hayas, quejigos y bosques de castaños. Y la castaña, fruta exquisita y sabrosa, es la protagonista de una importante feria que se celebra en la zona durante el mes de noviembre.

En la cúspide de la península bañada en las encantadas aguas del mar Tirreno, destaca una auténtica joya natural, conservada con esmero: la encantadora Bahía de Ieranto, de propiedad del FAI (Fondo per l’Ambiente Italiano), que en 1982 se convirtió en parque natural. La zona protegida cubre desde Punta Campanella a Marina del Cantone y representa uno de los puntos más fascinantes del Mediterráneo en cuanto a calidad del paisaje y calidad de la fauna, desde las especies marinas a las aves que anidan aquí (como por ejemplo el espléndido halcón peregrino), o que aquí se detienen durante sus migraciones.

 

El sendero de los dioses de Agerola a Positano

Partiendo de Bomerano – Agerola, y pasando por lugares donde el silencio aún vale oro, esta ruta destaca por una inigualable sensación de tranquilidad. Las guías aconsejan recorrerlo de este a oeste, de forma que desde las espléndidas terrazas naturales situadas a lo largo del recorrido, se pueda disfrutar de la vista de Capri, que aparece enfrente, y de los misteriosos islotes de “Li Galli” a la izquierda. El sendero conduce hasta la “Gruta del Biscotto” y continúa a través del desfiladero del Monte Serra. A continuación desde el pueblo de Nocelle se puede llegar a Positano o bien seguir por el camino que lleva a la sugestiva Montepertuso.

 

El Valle delle Ferriere - Amalfi

Desde San Lazzaro se parte en dirección al Valle delle Ferriere, de las herrerías. Resulta imposible aburrirse atravesando un territorio de semejante atractivo ambiental, recubierto sobre todo de musgo y helechos. Las espectaculares cascadas que nos encontramos en el pasado alimentaban las numerosas fábricas de papel y las herrerías establecidas en este territorio. La luz que se filtra por la roca crea juegos y embrujos inolvidables y acompaña al turista en el ascenso por la ladera de la montaña. Se llega primero a Pogerola, y más adelante a Amalfi, elegante y amable villa, que ofrece un gran atractivo además de su memoria histórica.

Amalfi se merece una visita sin prisas, paseando por sus calles y contemplando sus monumentos, desde el antiguo Arsenal al Duomo. Al final del pueblo empiezan las largas escalinatas que atraviesan el Valle dei Mulini, de los molinos. Como el propio nombre indica, en el valle, atravesado por los torrentes Chiarito, Canneto y Ceraso (que forman una serie de saltos y cascadas), se habían instalado importantes molinos de agua, cuya fuerza motora  alimentaba distintas actividades. Entre ellas la principal era la fabricación de papel a mano, todavía famosa en todo el mundo (una visita al museo local vale más que mil palabras…). Las primeras ruinas de las viejas fábricas de papel se descubren tras apenas media hora de caminata.

Continuando por el sendero que, una vez terminadas las escalinatas se convierte en pedregoso en su empinado ascenso hacia el cielo, nos adentramos en la zona del valle denominado “delle Ferriere” por la presencia de varias ruinas de herrerías, algunas de las cuales construidas en el siglo XIV, y que siguieron funcionando hasta principios del siglo XIX. Subiendo un poco más se llega finalmente a las cascadas. Aquí empieza la zona vallada de la Reserva Natural que tutela un patrimonio notable de animales y plantas, en concreto el helecho termófilo “Woodwardia radicans”, típico ejemplo de flora de impronta preglaciar.

Al regreso bastarán poco más de dos horas para retroceder por el mismo sendero, cuyo recorrido será ahora más agradable al ser en descenso.

 

S. Maria del Castello - Positano

Esta ruta tiene su punto de partida en Santa Maria del Castello, pequeño pueblo a mitad de camino entre el golfo de Nápoles y el de Salerno. Por un sendero de alto interés naturalista y paisajístico, se llega en poco más de dos horas a la localidad de Montepertuso, protagonista de numerosas leyendas sobre los antiguos habitantes de Positano que se veían obligados a sufrir las vejaciones del diablo. Hasta que un buen día, la intervención celestial de la Virgen, que desafió en persona a Lucifer, derrotó milagrosamente al demonio y liberó a los infelices nativos de una esclavitud humillante.

 

La cuesta del cementerio de Amalfi

Una serie de anchas y cómodas escaleras o de ligeras cuestas nos conducen suavemente hacia el antiguo e histórico porticado de un convento que actualmente es la sede del cementerio amalfitano. Conectado con la imponente basílica dell’Assunta, el Claustro Paradiso data del 1266. Fue el arzobispo Filippo Augustariccio quien quiso convertirlo en el cementerio de los ciudadanos ilustres de Amalfi, y en esa época conservaba seis capillas decoradas con frescos del periodo inicial. En la actualidad los visitantes pueden admirar un florido y cuidado jardín rodeado por un claustro formado por columnas de evidente estilo árabe, que sostienen arcos marcadamente agudos. De los sarcófagos que originalmente conservaban los restos de ilustres personajes de la ciudad hoy sólo quedan cinco.

Al final de la cuesta, que va trepando entre pasajes desde los que admirar la típica arquitectura natural y la belleza espontánea de estos lugares, desde ese punto privilegiado se puede abarcar el golfo de Amalfi en un vistazo.

 

El Monte Faito

El circuito parte desde Moiano e incluye S. Maria del Castello, Forestale, la escarpada subida a la Conocchia, y más adelante, tras el Molare, el descenso hasta la explanada del telesilla pasando por la Porta de Faito. Se regresa a Moiano o a Vico con el autobús de la Circumvesuviana, o a Castellammare con el telesilla mismo (sólo de abril a octubre).

La principal escalada de la Forestale (763 m) a la Conocchia (1377 m) está completamente expuesta al sur y ya a inicios de la primavera puede hacer mucho calor. Al contrario, como caso singular, en algunos tramos de la parte alta de la excursión no da nunca el sol, por lo que con frecuencia se encuentra incluso hielo en esas zonas.

Una vez que se abandona la vía transitable en dirección a S. Maria del Castello, al final de la cuesta (659 m), se toma el camino (via Conocchia) que desciende ligeramente para entrar en el pueblo. Una vez atravesado el pueblo el camino se transforma en un panorámico sendero de herradura que en una media hora nos conduce a la Casa della Forestale (763 m). En el cruce unos metros más arriba del edificio, la subida se hace más pronunciada, y se toma el sendero de la izquierda (el de la derecha pasa por la Forestale y va a Montepertuso;  el del medio llega hasta Capo Muro).

El recorrido es un continuo zigzag que nos sube a una altitud de 925 m en la cima desde donde los que no sufran de vértigo pueden obsequiarse con una inolvidable pausa disfrutando del espléndido panorama que ofrece el saliente de la plataforma calcárea.

Luego se prosigue costeando  (1075 m) por un sendero hacia la izquierda durante unos 300 m, prácticamente en llano, hasta llegar al pie de una cima estrecha, donde se indican dos vías para llegar hasta la Conocchia: la de la cima (más inclinada y escarpada aunque con una vista panorámica espectacular) y la del valle.

Al llegar casi a la cima, se dobla a la izquierda y se pasa al norte de Croce della Conocchia por un cómodo camino con pocas cuestas, a una altura que oscila entre los 1360 y los 1390 m, y que nos conduce al pie del Molare.

Poco antes de pasar por la parte sur de esta cumbre aparece una bifurcación. El camino de la izquierda llega a Agerola, pasando a unos centenares de metros de la iglesia de San Michele. Tras subir al Molare (1443,6 m - la cima más alta de los Montes Lattari) se regresa a esta bifurcación desde donde se empieza a descender. Después de pasar por la gruta y el manantial del Agua Santa, el sendero del CAI 00 dobla hacia la derecha. En cambio, continuando recto se vuelve a subir a la vía transitable que desde el Faito lleva a San Michele.

 

Hostelería

A lo largo de la ruta el turista encontrará numerosos bares, pizzerías, pubs y restaurantes. Soluciones de todo tipo para cualquier exigencia, necesidad o preferencia. Para alojarse en el territorio hay a disposición de los viajeros numerosos y cómodos hoteles, pensiones, albergues y apartamentos.